Brindar ayuda: los gerentes deberían tener una actitud proactiva en el trato con su personal. Es importante advertir de inmediato cuándo un empleado está disconforme, para evitar que el descontento se contagie a los clientes.
Dar el 110 por ciento automáticamente: los empleados esperan que sus pedidos sean atendidos, pero los superiores podrían ir más allá, dando una respuesta veloz a las inquietudes, y ofreciendo ayuda adicional.
¿Qué es un cliente? Responderse a esa pregunta es fundamental si queremos actuar de manera inteligente en el mundo de hoy. Cliente es toda persona que se ve afectada positiva o negativamente por nuestra conducta. Eso significa que tenemos clientes personales y clientes profesionales. Nuestra pareja, nuestros hijos, nuestro vecino, nuestros amigos, nuestros conciudadanos son nuestros clientes personales. Nuestro empleador, nuestros compañeros de trabajo, nuestros suplidores, nuestros colegas, los clientes de nuestra empresa, son nuestros clientes profesionales. El origen del mal servicio al cliente deriva de desconocer lo que explicamos anteriormente. El enfoque reduccionista que limita el cliente a quienes compran los servicios y productos de nuestra empresa, hace que nos consideremos libres de maltratar y ser fríos, secos, desconsiderados y groseros con los demás, porque ellos no son nuestros clientes. Y sí los son. Al igual que las personas que nos rodean en nuestra vida particular, ya que reciben los beneficios o perjuicios de nuestro comportamiento. ¿Por qué si las empresas invierten tanto en capacitación, motivación y selección de personal, abunda y se expande el mal servicio al cliente? ¿Cómo podemos transformar la cultura de maltrato en una cultura de añadir valor al cliente?



